06 Bajo presión

Por fin, tras una larga espera, entré en una habitación donde me atendieron dos profesionales de las cuales a día de hoy sigo desconociendo cual era exactamente su cualificación.

Empezó un interrogatorio que se iba haciendo más tenso por momentos. Una de ellas preguntaba y la otra escribía en el ordenador. El interrogatorio al que fui sometido me pareció especialmente hostil. No sabía si ese era el procedimiento normal o estaba siendo objeto de algún tipo de encerrona. Básicamente lo que yo hice fue explicar, como a modo de confesión y atormentado por un gran sentimiento de culpa, cómo había vivido perjudicando (tal como creía en ese momento) a mis padres.

Por fin el interrogatorio terminó y acordamos que ingresaría una sola noche para ver cómo la pasaba. Una sola noche…

05 El peso de la culpa

La tarde del diez de marzo de dos mil veinte fui a hacer la compra a un supermercado «Condis» situado a medio km aproximadamente del lugar donde resido. Ya llevaba tiempo evitando comprar cerca de casa para evitar encontrarme con mi padre

Aquella noche me sentí especialmente agotado. Sentía el peso psicológico del acoso físico y mental del que estaba siendo objeto desde hacía meses. Aquella noche no pude comer ni dormir bien.

Al día siguiente mi estado mental fue empeorando hasta el punto que decidí acudir a urgencias a pedir ayuda. Fue en psiquiatría.

04 Las agresiones verbales.

Antes que nada quiero mencionar que yo vivo muy cerca de donde viven mis padres.

Mi padre tiene a día de hoy el control absoluto sobre las finanzas familiares. Él se encarga incluso de hacer las compras domésticas desde hace tiempo y, hasta donde sé, tiene «requisadas» todas las libretas de ahorro. Lo hace para proteger su patrimonio del «ladrón» de su hijo. 

Otra consecuencia de este despropósito es la imposibilidad de que mi madre y yo podamos vernos tranquilamente por los alrededores de donde vivimos. Es el terror impuesto por este maníaco, que poco a poco irá haciendo mella tanto en la salud de mi madre como en la mía.

La situación hizo que yo empezara a «replegarme». Ya no podía moverme tranquilamente por las cercanías de mi propia casa para evitar un encuentro fortuito que pudiera traer consecuencias imprevistas tanto para mi madre como para mí.

Finalmente un día coincidimos en la panadería, donde me ignoró completamente (había testigos).

El siguiente encuentro fue ya más desagradable. Estaba yo en la puerta de mi casa y él se dirigía hacia la suya por la otra acera. Cuando me vio solo, cruzó en dirección hacia mí, aparentemente con intención clara de agredirme. Sólo le di tiempo a que me llamara «ladrón mal parido» antes de que yo me protegiera dentro del bar que hay al lado de mi portal. Ahí desistió y se fue. 

Hubo un segundo encuentro, también sin mayores consecuencias, en que me volvió a llamar «ladrón mal parido» con una particular expresión de locura. 

Más tarde comprobaría que en ambos encuentros su intención de agredirme físicamente era decidida, pero de ello hablaré un poco más adelante.

03 La calumnia

Pasaron muchos meses desde aquella amenaza sin que yo supiera nada de mi padre.

Un día me llamó mi madre para hacerme saber que el «monstruo» iba a denunciarme porque, según él decía, yo le había robado algo que a día de hoy sigo sin saber de qué se trataba. Le dije a mi madre que si quería denunciarme allá él. Cómo ya he señalado antes, no había sabido absolutamente nada de él desde el día de su amenaza ni había tenido nada que ver con sus asuntos. Se lo estaba inventando y a mí me parecía interesante que lo denunciara para poder desenmascararlo de una vez por todas.

Pasaron los días y nada más supe de sus intenciones de ponerme denuncia alguna. Presentí que lo único que buscaba era atormentarnos con sus invenciones a mi madre y a mí pero que de ahí no pasaría.

02 La amenaza

Habría pasado como un año aproximadamente desde aquel uno de mayo de mil novecientos diecisiete.

Mi madre me había citado en su casa para recoger algo que había preparado. No me debería llevar mucho tiempo recogerlo y volver a donde yo vivo muy cerca de donde viven mis padres.

Pero antes de que yo me fuera llegó mi padre (el monstruo). Pretendí irme pacíficamente pero no hubo lugar. Me llamó gandul y me amenazó con mandarme al hospital aunque tuviera por ello que ir a la cárcel. Y su frase mágica: «Este vive mejor que yo». Tras una disputa que mi madre atajó me fui de aquel lugar. 

El maldito estaba dispuesto a llevar a cabo sus amenazas de un modo u otro.

01 El monstruo.

Aquel fatídico uno de mayo de dos mil diecisiete marcó el inicio de lo que iba a ser el periodo más infame de mí vida, aparte de lo vivido casi treinta años antes. 

Otra vez el individuo especialista en tomar decisiones que terminan por arruinar mi vida (un poco más si cabe) entra en escena.  Con su manera de actuar desproporcionada, traidora y a destiempo. Este sujeto actúa como un depredador que aguarda sigilosamente el momento más oportuno para asestar un golpe mortal a su presa. El «monstruo» del que  estoy hablando no es otro que mi padre.

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